miércoles, 15 de septiembre de 2010

La luna me sabe a poco

Las noches que no hay luna, son noches raras, oscuras y siniestras. Las noches que no hay luna son noches perdidas, extrañas de sí mismas, sencillamente dolorosas.
Asomarse a la ventana y mirar el cielo negro, recuerda las negruras de los mares eternos, de los océanos perdidos, de la inmensidad constante del universo. Asomarse a ese cielo, es ser consciente de lo pequeñito que es uno. No está la luna para recordarnos que hay algo cercano y accesible a ese lado. Asomarse a un cielo sin luna es sentirse irremediablemente perdido. Chiquitito. Insignificante.
Luego están las estrellas, tililantes, lejanas, burlándose de una, riéndose cada vez que un humano intenta adivinar a la distancia que están. Ellas, ajenas a todo, se sienten superiores. Y lo son, allá en lo alto.
Las noches que la luna crece, poquito a poco, camino a la plenitud de su ser, aumenta poco a poco mi entusiasmo. Sé que solo tendré que esperar unos días para ver la farola gigante reinando en el cielo.
Las noches que, en cambio, mengua... son tristes y depresivas. Ves como la ilusión que desbordabas con la luna llena se extingue, se evapora, huye...
En mi, es cierto eso de que la luna afecta mi estado de ánimo. En todos los sentidos. La luna llena me encuentra pletórica, insomne, me sube la líbido y la energía fluye tal como si me encontrara en plena adolescencia. Mi corazón late desbocado. Tengo ganas de hacer cosas, sobre todo, explotar mi parte creativa. Pintar, escribir, fotografiar... da igual que sea invierno que verano, me siento bien.
Luego están esas noches, sobre todo estivales, en que la luna me sabe a poco. Necesito más. Te necesito a ti. Necesito tus manos recorriendo mis recovecos, tus labios besando mis secretos. Necesito que me mimes y que juntos, nos burlemos de las estrellas devolviéndoles la pelota y nos preocupemos de las fases de la luna. Necesito música alta, vibrando en mis venas. A veces, incluso me entran unas ganas locas de salir corriendo, quemar toda mi energía bailando, saltando, gritando. Necesito música en directo. Solo así recupero la cordura.

2 comentarios:

Naiara dijo...

Qué bonito... me ha encantado. No tengo palabras...

Kilombè dijo...

¿Y una gran poeta que ha publicado junto a Kutxi Romero se ha quedado sin palabras? ¡No lo creo! ;)