miércoles, 15 de junio de 2011

Diga treinta y tres

Una a una, inexorablemente, se han caído las hojas del calendario y otra vez, es mi cumpleaños. Una a una, sin pausa y con muchísima prisa ha vuelto a llegar.
Vivo al borde mismo del abismo de la ansiedad. Ya he recorrido algo más de un tercio de mi vida (sí, lo sé, aspiro a una vida larga y a ser posible, plena) y me pregunto a dónde han ido a parar mis sueños. A dónde han ido las ilusiones, los viajes, los caminos no recorridos. Me pregunto qué ha sido de la joven idealista que todo lo veía posible. En el fondo, no está muy escondida, atisba la realidad desde mis pupilas, se sigue sorprendiendo con cosas pequeñas y le sigue gustando volcar en el folio todo aquello que le inquieta. Pero luego, en el lado material, las cosas no van bien. El trabajo no llega, la presión económica es cruel, implacable, despiadada.
Así que, la ansiedad a veces, me juega malas pasadas y consigue que mi corazón se alborote, que salte sin sentido en mi pecho y que las lágrimas se cuelguen de mis pestañas dudando si saltar o quedarse ahí, emborronando mi visión y dándole alas a mis dudas. Reblandeciéndome el cerebro.
Esta noche, al borde del precipicio, resbalando y manteniendo el equilibrio a duras penas, he cruzado la frontera de los treinta y tres. Últimamente he tenido que oírselo demasiado al doctor, diga treinta y tres, diga treinta y tres. En eso, también la edad se nota.
A pesar de que la fachada está bien, sin necesidad de usar chapa y pintura diaria, por dentro, el cuerpo ya se va quejando. Pequeños dolores, pequeñas incertidumbres que te van marcando el paso de los años. 
Sólo pido que al menos, lo que está dentro de la sesera continúe así. Seguir haciendo las cosas con la misma ilusión, con el mismo cariño. Seguir emocionándome con esas cosas inevitables, que quienes me conocen saben, seguir derrochando alegría y risas, seguir derramando lágrimas por lo que creo. Seguir escribiéndole versos a la luna. 
Cuando se dan algunas de estas situaciones, es cuando me siento yo misma y lo demás, la falta de trabajo, el zigzaguear del tiempo, pasa desapercibido unos minutos. Unos minutos en los que dejo de preocuparme. Unos minutos en los que vuelvo a ser niña otra vez y a reírme a carcajadas. A emocionarme mirando fotos y planeando el futuro, recordando playas de arena fina y silencios llenos de miradas cómplices.
Aquí estoy, aquí estaré, diciendo treinta y tres por los próximos 365 días. Y sólo espero que la vida no me tosa ni un ápice, porque si lo hace, repetiré con la cabeza bien alta: treinta y tres.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

no se como lo haces pero siempre logras sorprenderme, me encanta como escribes, felicidades y disfruta de tu dia, y ante todo, no cambies, te queremos como eres, besos (Rocio-Castro)

Kilombè dijo...

Gracias Roci, ya sé que tú siempre estarás ahí.
Y yo yambién os quiero a vosotros. Un besazo!