martes, 29 de noviembre de 2011

Crecer


Crecí dándole la espalda a caballeros y princesas,
Nunca me interesó tener tirabuzones rubios por los que trepara un amante
Crecí dándole patadas a un balón,
Y si se terciaba, a alguna espinilla contraria,

Crecí subiéndome a los árboles, atrapando grillos y saltamontes,
Desollándome las rodillas en caídas en bicicleta.
La vida tenía sentido si tenías amigos.

Crecí echándole de comer a los conejos,
Sentándome al sol acariciando pollitos amarillos,
Cabalgando encima de mastines que pastoreaban rebaños de ovejas,
Abrazada a la luna entre historias de damas siniestras.

Crecí viajando en trenes y en un 127 blanco y ajado,
Crecí durmiendo en tiendas de campaña cada verano.
Crecí sorprendiéndome con cada pueblo nuevo descubierto
Y bañándome en todos los mares que rodean este país
Que amé durante años y que estoy empezando a odiar.

Ahora todo es inhóspito, lleno de hormigón y metal
Ahora todo es salvaje, todo es vender o comprar.

Simplemente con recordar esos viejos tiempos
Mis ojos se empañan, la tristeza me embarga,
La luna decrece, las estrellas se apagan.

2 comentarios:

Helena dijo...

Los comienzos son siempre fáciles, inocentes, dulces... Echar la vista atrás no es fácil ni es algo que se deba hacer salvo para "hacer memoria" y recordar de dónde venimos... Lo importante es el durante, los recuerdos, es lo único que nos pertenece. Por dentro somos siempre nuestros y, no hay mayor índice de felicidad que la nostalgia. Uno anhela las cosas buenas y, significa que hemos sido felices. Hacia delante, siempre, con lo que somos, con lo que recordamos... :)

¡Mil y un besos!

Kilombè dijo...

¿De verdad crees que la nostalgia es el mayor índice de felicidad? ¿No podría ser al revés? Ya que la opinión mayoritaria de la gente es que la nostalgia se siente cuando comparas el pasado con el presente, y el presente sale perdiendo. Ya sé que no tiene por qué ser así, pero es la idea más extendida. ¡Me gusta tu visión!